domingo, 28 de octubre de 2007

LO SUPUESTO Y LO REAL EN LOS TITERES


El títere es una metáfora dispuesta a lecturas diversas. El objeto animado adquiere magnitudes insospechadas al permitir que el imaginario de cada espectador construya personajes y en algunos casos la historia misma.

El títere es una entidad que otorga valores lindares a la fantasía y a la realidad confiriendo en esto la posibilidad de que ocurra lo posible y lo imposible; quizás en ello radique su valoración mítica y la capacidad expresiva que tanto le otorgamos. El títere intrínsecamente es poseedor de lo real y lo supuesto, es una suma compleja de "verdades y mentiras", en totalidad un arte fantástico.

Los títeres "llaman los espíritus" tocan al interior y se exigen evocar mundos, que en el peor de los casos, creíamos olvidados. Los títeres tienen un mundo propio el cuál, todos sin excepción, comenzarnos habitar cada vez que nos permitimos la aventura de participar.

Los diferentes niveles de participación que explora el espectáculo titiritero aluden en gran medida al juego, entendiendo éste como el espacio donde se fijan reglas pero no se conocen resultados; uno podría suponer que dicho resultado esta implícito en la puesta en escena o desde la dramaturgia misma, pero lo que hacemos es evidenciar alternativas desde la óptica cultural que nos reviste; el ejercicio no termina hasta no ser re-creado por el imaginario de nuestro receptor y allí, precisamente, es donde no conocemos el resultado. Quizás, esta sea una de las razones por las cuales se nos hace tan maravillosa la profesión. Jugar es una de las cosas más serias que existe.

Los títeres viven sólo en función del espectador y dependen, en la mayoría de los casos, de esa asombrosa capacidad para dotar de significado lo real y convertirlo en maravilloso: LA IMAGINACIÓN.

Luis Fernando Velasquez
Imagen: Presentador de "Historia de primavera" - Títeres Elwaky

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