lunes, 5 de marzo de 2012

SONETO PARA UN TITIRITERO

Hará ya unos 13 o 14 años, tal vez en 1998, conocí a Gonzalo Cuéllar y supe de su arte titititero. Tambièn conocí a Zoe, su compañera. Hablé de ellos en una poesìa contenida en mi libro "Son estos. Sonetos de la memoria" -un pequeño volumen sonetero que apareciò en el año 2000, precisamente en Cochabamba, con la semblanza poetizada de unas cien personas que me ayudaron a vivir. Porque la poesía es gratitud. Sin embargo, nunca supe si Gonzalo leyó ese trabajo. Ojalá sí. COCO MANTO.

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GONZALO CUÉLLAR

Todo nace del sueño y de ese loco
personaje, el amor, dice este hombre
digitador de títeres con nombre
que se meten en uno poco a poco.


Está su gente que no se achaparra
movidita y graciosa en Nicaragua,
yendo y viniendo en el rumor del agua
enlazada con cuerdas de guitarra.

El boliviano Cuéllar mide el tenso
universo gestual, abracadabra,
pendiente del guión y la palabra.

Un títere se pierde en el suspenso
del teatro guiñol y dice serio:
Zoe vendrá. Yo creo en el misterio.

Coco Manto

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