sábado, 19 de noviembre de 2016

Cochabamba ¿Capital de los títeres?

Por: Grober

Pretender que una ciudad como la nuestra se convierta en la capital de los muñecos y otros objetos animados, es un horizonte con rasgos de utopía. Más que pretender alcanzar una etiqueta, un título o una nominación vacía, es un desafío: supone recuperar los títeres para el goce y disfrute de toda la sociedad…no solamente de los niños… y no solamente eso.


Pensarnos como CAPITAL DE LOS TÍTERES es -en primera instancia- reconocer el valor y potencial de esta expresión artística; es saber discernir entre “teatro de títeres” y “animación con muñecos”;  es palpar su capacidad de llegada a los más diversos públicos; es también dejar de considerarlo como “cosa fácil” que no amerita formación, esfuerzo, dedicación, profesionalismo; es valorar los logros que desde Cochabamba se han conseguido en la última década, superando con creces a los alcanzados en el último siglo precedente en toda Bolivia. Es –finalmente- incorporar a los títeres como parte de la identidad y orgullo valluno que brinda al país entero una expresión artística renovada, amplia y vital.

Hacer de Cochabamba la CAPITAL DE LOS TITERES es una empresa que también requiere  identificar los aspectos sobre los cuales es necesario intervenir, a saber:

El público. Llegar a él en todos los espacios posibles pero con espectáculos de calidad lo hará crítico y exigente; garantizara su compromiso, lealtad y apoyo. Los festivales nacionales e internacionales son una vía para lograr este objetivo. Un siguiente paso supondrá superar la etapa de espectador = consumidor al que se lo busca únicamente para que asista a la obra o la temporada teatral y aporte unos pesos para solventar algunos gastos; será  transitar hacia la alianza y compromiso con el espectador, enriqueciendo su bagaje de conocimientos  con información sobre todas las facetas del arte de los títeres: historia, técnicas, producción bibliográfica, aplicaciones pedagógicas y terapéuticas, eventos, temporadas, espacios especializados, muestras permanentes y otros. Las experiencias piloto de “Feria Itinerante de Títeres” dan una pauta de que la tarea es posible.

Las instituciones. Una institucionalidad convencida de los alcances y potencialidad de los títeres (por su capacidad de convocatoria, por su ductilidad de adaptarse a distintos espacios, etc.) mostrara mayor disposición de apoyo. Los festivales, ferias, talleres y otros emprendimientos necesarios para alcanzar lo esperado (capital de los títeres) son y serán impensables sin el apoyo institucional. En todo caso, serán pieza clave los interlocutores que deleguemos para la negociación: habilidad, experiencia, conocimiento, persistencia y mucha paciencia. En verdad, si bien es correcto hablar y exigir a la “institucionalidad”, todavía vivimos bajo el arbitrio de personas que ocupan espacios de decisión en dichas estructuras (sean públicas o privadas) con las que será imprescindible lidiar. El peor camino- ya probado- sera "dejarse tentar" y "caer en manos" del Estado o las ONGs para producir panfletos patrioteros o de campañas de los donantes que si bien generaran ingresos económicos para los titiriteros... no permitirá el desarrollo del arte.


Los titiriteros. “No bajar los brazos nunca”. Los niveles de calidad alcanzados deben ser considerados como la base de un mayor desarrollo: formación permanente, innovación, apertura a nuevas posibilidades, intercambio, trabajo profesional, formación de nuevas generaciones, apertura de espacios para los títeres, generación de nuevas propuestas y eventos. Es impensable que haya titiriteros que no vean el trabajo de otros titiriteros… mirarse el ombligo no permitirá ver el panorama y menos el horizonte.