martes, 10 de junio de 2008

TITERES AL DEBATE: una mirada desde Argentina

El arte de los títeres -a mi parecer- no se ha desarrollado a instancias separadas de otras disciplinas artísticas referentes siempre a la evolución del hombre. ¿Qué es el títere sino una síntesis de mecanismos visuales, sonoros, dramáticos, con el prestigio de haber alcanzado a esta altura de la historia mundial del teatro, un lenguaje que le es propio, indiscutidamente?

El problema del teatro de títeres en Bolivia es -como el de cualquier otro país latinoamericano- una ineficacia de la memoria, el desconocimiento del arduo trabajo de reconocerse unos a otros, tanto en lo anterior, bien o mal hecho, y desde ahí promover un proyecto de unificación que debiera tomar dos vertientes:

1) La formulación y conocimiento del estado de los titiriteros “profesionales”, formados con o sin academia (en todo caso cada generación precedente romperá los estatutos marcados por los anteriores. . . afortunadamente), sus igualdades y desigualdades estéticas, metafóricas, ideológicas y de producción.

Fácil sería detenerse sólo en esta cuestión que llamaríamos “formal”, por el hecho de que significa la aglutinación, absolutamente “necesaria”, de los hacedores de esta disciplina escénica. El factor de la autoproducción, el permanente esquivar de las políticas culturales hacia ciertos fenómenos o hechos culturales “menores”, el desinterés de las empresas que podrían aportar al desarrollo y difusión de una actividad que confluye en múltiples posibilidades de aplicación. Pero tal vez, desde mi modesta y repetida visita a la querida república de Bolivia, he encontrado una avidez que radica en lados menos negociables y rentables, en cuanto a ese “formalismo” de estructura funcional capitalista al cual sin dudas estamos asociados como seres histórico-sociales. ¡nada menos que nuestro tiempo!
y sería, en definitiva, lo que aporto, humildemente, como segunda vertiente a tener en cuenta:

2) la necesidad de bucear, navegar, internarse en la historia del títere en Bolivia.
Sin lugar a dudas los precedentes no serán como los conocemos en nuestra actualidad (me refiero a formas, poéticas, medios, textos, ámbitos). pero, ¿acaso el títere no tiene íntima relación con la “máscara” como modelo de ritualidad y teatralidad? ¿Es posible indagar en fenómenos teatrales-rituales de índole popular como los carnavales, las ceremonias religiosas indígenas?

El origen del títere en Bolivia, como en ningún otro lugar del mundo, creo yo, ha de establecerse intentando hallar “esa” forma a la que hoy utilizamos, ni en cuanto a su materia, metodología, objetivos o funcionalidad social. Entonces, como he leído en algunos comentarios, si la propuesta es la unicidad de los distintos actuantes del teatro de títeres, y por haber sido “presenciador” de bellos espectáculos y personas bolivianas, recomendaría con muchísimo respeto, ahondar en los orígenes del desarrollo de las distintas disciplinas del arte y acentuar en el trabajo diario el profesionalismo a través de la auto credulidad; esto es: creernos-sabernos-definirnos cultores de un arte y empaparnos hasta la médula en lograr conocimientos y experiencias de todo nivel (dramatúrgico, plástico, musical, sonoro, etc). Dejar de discutirles a otros la “menoridad” de nuestro arte como primera instancia.

Enriquecerse compañeros, no es sólo formular reuniones para discutir que lugar debiera ocupar, o exigir a terceros que nos den ese lugar, sino conscientizarnos que si el arte crece, nosotros somos quienes lo alimentamos, enseñándole al público a ser estrictos, críticos e inteligentes para tomar cada propuesta. Somos educadores de seres que necesitan “metaforizar” su realidad y -a la vez- formadores de espectadores para teatros de títeres. ¡Vaya tarea!


Desde un lugar plagado de títeres y titiriteros, con sentidos académicos burgueses y de autodidactismo barato en mezcla constante, les envío un enorme abrazo.

Oscar Navarro
grupo del sinfín
Argentina

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