miércoles, 16 de febrero de 2011

DESDE LA CALLE... para seguir andando

¿Quedarse sin sala -de titeres-es lo mismo que quedarse sin casa? En algo se parecen.

¿Se imaginan despertar en medio del sueño y bajo un intenso terremoto? ¿Y al momento -si es que sigues con vida- caer en cuenta que perdiste tu casa y mas?

El esfuerzo de toda una vida disuelto en la nada, el desamparo; el recuerdo de cada momento vivido en ese lugar... tu niñez y el rincon de juegos, la pequeña salita principal adornada con las fotos mas tiernas, el cuartito improvisado que refugio a los sueños adolescentes, la esquina con el viejo estante de los libros con sus secciónes de "los preferidos" y "los obligados" (en el traumatico transitar por la escuela), las cartas recibidas y las no enviadas, el diploma del curso de serigrafía, el primer disco adquirido por el primer dinero ganado con esfuerzo propio como ayudante de camión... el lugar de descanso e impulso, el marco de la puerta con el registro de la estatura de tus hijos, la badera rojinegra que marcó tu vida, la libreta de direcciones de cuando no habia celular ni internet, la mirada eterna y vital del hombre nuevo que desde el afiche te invitaba a gastar tu vida cada día...

Quedarse sin sala es así, pero no tanto... es como la sombra de la catastrofe humana. En estas circunstancias perder la casa responde a la naturaleza, sus caprichos o reacciones, en cambio, perder tu sala es producto de las confabulaciones, la ignorancia, el capricho humano o la vanidad de poder que se ejerce por ejercer nomás, "para que se tenga en cuenta quien es el que manda".

Perder una sala es tambien perder miles de horas dedicadas a su construcción (en el sentido de rescate), la mierda -literal- en los zapatos cuando había que darle los primeros toques, es el primer tarro de pintura que remozó sus tristes paredes, los tachos le lata convertidos en reflectores, las funciones a voz en cuello para un público alucinado por las historias.

Quedarse sin sala no es perder la memoria, es avivarla... es traer desde el recuerdo de las voces y acentos de los amigos titiriteros que desde distintos confines de la Patria Grande se asomaron con sus retablos, son los miles de ojos brillantes de los niños/espectadores que vieron mas de una vez, mas de cinco, mas de... las mismas historias; perder una sala es una perdida colectiva, pero también es el desafío y compromiso volver a tenerla para seguir siendo comunidad...

Perder una sala... estar en la calle, es reavivar la humildad... es comenzar de nuevo pero con la ventaja de conocer el camino.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Quedarse sin sala es quedarse sin casa? Absolutamente SI. Quedarse sin casa es perder la lucha? Absolutamente NO.Ustedes, compañeros, lo saben perfectamente. Sin claudicar en la permanencia y la exigencia que se merece un espacio teatral como el suyo (también nuestro), el arte de los títeres encontrará infinitas formas de permanecer arquitectónicamente vivas. Con los brazos en alto, un abrazo fraternal desde Argentina. ösjar Navarro Correa

Anónimo dijo...

Vaya un aguante para el Waky, desde Buenos Aires. COn afecto el Ale de Villa Celina

mariposarte dijo...

RESISTENCIA COMPAÑEROS!!!!!!!!!!!!!
TENEMOS MUCHA NOSTALGIA DE BOLIVIA....
LOS QUEREMOS MUCHO Y SIEMPRE ESTAN PRESENTES ENTRE NOSOTROS
ABRASOS